No voy a entrar en polémica sobre si las corridas de toros se deben prohibir; no, ese tema es muy viejo, tanto como las corridas, y ahí siguen año tras años celebrándose en toda la “piel de toro” (nunca mejor dicho), y en el sur de Francia.

La reacción de la ministra Narbona (su padre un gran crítico de toros y buen aficionado), ha declarado que sus intenciones sobre la fiesta, es que se vaya suprimiendo de una forma paulatina. Es de tal ignorancia que igual se cree la señora ministra que es como el vicio de fumar, que se puede dejar poco a poco; la fiesta de los toros en España, es tan genuina, que se acaba con ella radicalmente, o no se admiten cambios.

Voy a dar un dato, para los que digan que en Portugal al toro no le mata el torero en la plaza. ¿Qué se creen que hacen con el toro una vez lidiado? ¿Le devuelven al campo para que paste alegremente con las vaquitas? No señores, no. Se le apuntilla en los corrales de la plaza.

La reacción en contra de la ministra ha sido tan unánime, que comprendo el disgusto de los antitaurinos. El mismo PSOE a través del señor Blanco; IU a través del señor Llamazares, y demás opinantes sobre el tema, han chafado a Narbona sus intenciones. Señora Ministra: si ni Franco que todo lo podía pudo acabar con la fiesta, ¡como lo va a conseguir usted!

¡Andalucía sin corridas de toros! ¡Madre mía la que armaría! Algún progre es capaz de eliminar los actos litúrgicos de la Semana Santa en Sevilla, o en España entera. Saldrían a gorrazos y no pararían de correr hasta Pernambuco.

Me suscribo a las palabras del señor Llamazares: “No sé si en el siglo XXII se acabarán los toros, pero en este creo que no”

Lo siento por ustedes señoras y señores antitaurinos, pero el Pueblo pide “la sangre del toro”.